Grandes viajeros

La Vuelta Al Mundo Low-Cost

Vuelta al mundo low cost

Una pareja española de periodistas perdió simultáneamente su trabajo. Donde otros hubieran visto un gran problema ellos vieron una oportunidad, un punto de inflexión para hacer su sueño realidad: dar la vuelta al mundo. Con un presupuesto muy ajustado pero ricos en ilusión y ganas emprendieron un viaje durante más de 9 meses. Tuvieron tiempo para todo, incluso para casarse por el camino. Sus retinas han visto 28 países distintos a lo largo de todo el planeta, en un sinfín de experiencias que de algún modo les cuesta relatar… Intuyo que lo que han vivido es demasiado grande como para ponerle palabras. Me quedo con el brillo de su mirada cuando hablan de su gran aventura y cuando sentencian que, simplemente, ha sido la mejor experiencia de su vida.  


Fechas del viaje: 10/10/13 – 24/07/14 (287 días)
Países recorridos: 28
Kilómetros itinerario: 74,200 kilómetros
Coste Viaje: Pura filosofía low-cost. 9.000 euros por persona (unos 6.400.000 clp), de los cuales 2.300 euros (1.657.500 clp) corresponden a los pasajes de avión. Presupuesto diario: 20 euros ( 14.500 clp).
Blog: http://atomarpormundo.com/blog/ Consejos prácticos de viaje y sobre los destinos visitados.mapamundi-foto

– Dar la vuelta al mundo… ¡Más que un viaje suena como un sueño! ¿En qué momento alguien se plantea hacer algo así?
– José Pablo: Siempre nos atrajo la idea de dar la vuelta al mundo pero nunca encontrábamos el momento. Un buen amigo nuestro había hecho realidad este mismo sueño con su pareja y de algún modo nos inspiró, teníamos la prueba de que era posible. Y el empujón definitivo fue cuando el verano pasado los dos nos quedamos sin empleo. Se nos presentaba la ocasión de romper con todo… Y la clave fue tener la valentía de atreverse.
– María José: Desde que supimos que perderíamos el trabajo hasta que reservamos el primer vuelo pasó sólo un mes y medio. Fue algo precipitado, casi de infarto. Pero tampoco fuimos a lo loco. Un factor importante fue tomar la calculadora y descubrir que nos saldría más caro vivir en España un año sin trabajar que estar viajando. Obviamente, debíamos renunciar a ciertos lujos. Nos pusimos como presupuesto 20 euros al día y ahora, podemos afirmar que lo conseguimos.

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– ¿Qué sientes cuando subes al primer avión sabiendo que tienes 9 meses de viaje por delante?
– MJ:
¡Alivio! Después de un mes y medio muy intenso estábamos agotados antes de empezar. También algo de vértigo porque sientes que aunque lo hayas preparado bien, te enfrentas a algo desconocido y debes estar preparada para cualquier cosa.

– JP: …Y también una ilusión indescriptible. Éramos niños con juguetes nuevos. Ya no había marcha atrás, haríamos realidad nuestra gran aventura.

– La magia de una vuelta al mundo debe ser la diversidad de culturas y lugares que uno visita, ¿podéis destacarnos algún lugar que os impresionara por encima de cualquier otro?
– MJ:
Para mí la China fue como aterrizar en otro planeta. La cultura es opuesta a la nuestra y supone un reto constante para comunicarse, desplazarse, comer y alojarse. Aunque, bien pensado, allá los extraterrestres éramos nosotros. En la Gran Muralla teníamos una fila de chinos para hacerse fotografías con José Pablo y su frondosa barba… como los chinos son imberbes les llamaba mucho la atención. Por otra parte, Japón también me impactó mucho, es una civilización limpia y educada de la que tenemos mucho que aprender.

– JP: De este viaje no destacaría monumentos ni museos. Sin duda me quedo con las experiencias y personas. Siempre recuerdo, por ejemplo, momentos únicos como haber podido disfrutar del Carnaval de Río de Janeiro, un combate de sumo en Japón o haber visto una de las minas más peligrosas del mundo en Bolivia e Indonesia.

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– En vuestra larga ruta por Latinoamérica, desde México hasta la Patagonia, ¿qué destacaríais de esta etapa de vuestro viaje?
– MJ:
La belleza e inmensidad de sus paisajes naturales imposibles de encontrar en Europa. Lugares de ensueño como el Salar de Uyuni (Bolivia)las Cataratas de Iguazú y El Chaltén (Argentina) y, por supuesto, las imponentes Torres del Paine, en Chile.

– JP: En Lationamérica nos sentimos como en casa, me pregunto por qué siempre se insiste en las diferencias en lugar de destacar nuestras similitudes. Al dejar Santiago, nuestra última parada antes de volar a Nueva Zelanda, nos emocionamos al recordar la sensibilidad y cercanía con la que tanta gente nos acogió. Sólo tengo palabras de gratitud para esa tierra.– Ya conocemos la cara amable del viaje pero apuesto a que tuvisteis algún momento de peligro o dificultades, ¡no todo puede ser gozo permanente!
– MJ:
 Sabíamos que era muy probable que pasara algo desagradable: un robo, un accidente… pero nunca sucedió. Creo que es gracias a una mezcla de suerte y de tomar ciertas precauciones. Pero tampoco es cierto decir que el viaje es una fiesta constante. En mi caso, odiaba los días de traslados. Nos movíamos de media cada dos o tres días de lugar y eso pesaba mucho conforme pasaban los meses.

– JP: En mi caso lo que peor llevé fue cruzar las fronteras. Cambio de monedas, leyes, etc. Soy de la opinión que las fronteras y los relojes son los peores inventos de la humanidad.


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¡Esperaba que me contarais impactantes anécdotas de accidentes, robos y enfermedades! Suertudos son ustedes. ¿Y a nivel de convivencia en pareja también todo fue de color de rosa? ¿Cómo fluye una relación en un viaje así?
– MJ: (ríe)  Pues sólo te diré que al final de viaje… ¡nos casamos en Bali (Indonesia)! En una odisea así sólo caben dos opciones: separarse o unirse aún más. No hay término medio.

– JP: Creo que una de las claves del éxito para una buena convivencia ha sido la adaptación. Si te mantienes rígido acabas frustrándote, discutiendo con tu pareja y queriendo que termine el viaje cuanto antes. Por poner un ejemplo, si teníamos que dormir en el suelo, lo asumíamos.



– ¿Qué aprendisteis a lo largo de vuestra ruta, de qué manera os cambió?
– MJ:Aunque suene a tópico, te abre la mente. Cambias tu escala de valores y lo que antes te parecía importante ya no lo es. Nosotros llevábamos una mochila de 60 litros, equivalente a 10-12 kilogramos. Era nuestra casa, como los caracoles, no necesitábamos nada más. Y aunque parezca mentira, llevábamos todo lo necesario. Cuando regresamos a España, el armario se nos venía encima… ¿para qué necesitamos tantas cosas?
– JP: Aprendes y desaprendes in situ de la cultura, de la historia, de las personas, de la vida… Aprendes a sobrevivir y a entender que siempre hay una salida, por muy complicado que sea ese momento. Aprendes que vida solo hay una y hay que vivirla como uno quiere. Y, sobre todo, aprendes a no tener miedo, a confiar en tus posibilidades. 

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– Si después de un mes de vacaciones ya me cuesta readaptarme, tras casi un año de libertad absoluta la vuelta debió ser desconcertante…
– JP: El retorno fue también una locura. Los medios de comunicación se hicieron eco y no paramos de hacer entrevistas. Además tuvimos que recuperar nuestra vida «anterior»: familia, amigos, trámites como dar de alta el coche, buscar un nuevo techo donde vivir… Y lo que parecía más complicado, encontrar un trabajo, lo conseguí en parte gracias a nuestra aventura, ya que ahora soy reportero en un programa sobre emigrantes españoles y buscaban a alguien curtido en viajes. La vida es así de caprichosa.
– MJ: Al principio se hace extraño y te concentras en recuperarte física y emocionalmente. Ahora, para cerrar el círculo perfecto, me toca a mí encontrar trabajo. ¡Y ahí seguimos! Puede ser en España, Chile, o en cualquier parte. El mundo es tan pequeño o grande como uno quiera verlo.

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Periodista que se aburrió de estar sentado en una redacción obligado a escribir sobre asuntos que no interesaban a nadie. Renunció y dedicó un año entero a su pasión: viajar. A su vuelta, decidió especializarse en contenidos sobre turismo y aventuras. Y este es el resultado. Contacto: eduardo@voyhoy.com